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¿Y dónde quedan los sueños?

  • Foto del escritor: Doménica Cabrera
    Doménica Cabrera
  • 16 dic 2021
  • 5 min de lectura

Crisis, es todo lo que puedo pensar al escribir este post. Mi idea para este blog siempre fue la de expresar mi esencia interior y plasmar mis pensamientos en un espacio seguro; sin embargo, me vi un tanto obligada a añadir esta sección, que de cierta forma siempre la he sentido un tanto ajena a mí.

Se supone que el propósito de esta nueva entrada era darme a conocer de una forma profesional mientras les presentaba algunas notas de periodismo ciudadano, pero en este punto no quisiera traicionarme a mí misma escribiendo algo que en realidad no me nace.

Probablemente mi profesor se decepcione un poco al leer esto porque dudo que sea lo que estaba esperando, pero si me van a conocer por medio de este blog, me gustaría escribirles sobre algo que les ayudará a que me conozcan por lo que soy y no por algo impuesto.

Mi idea es hablarles sobre algo que hace unos años me generó varias crisis emocionales e incluso existenciales, un tema del que me habría gustado que me hablaran en ese momento; será evidente que no soy una experta en el área ni nada por el estilo, pero les hablaré desde mi experiencia y lo que me ayudó.

Toda mi vida escuché el mismo discurso: “la adolescencia será la mejor etapa de tu vida”, “la etapa del colegio es la más fácil y la más divertida”, “debes aprovechar ahora que eres joven y puedes hacer lo que quieras”; estoy segura que ustedes también habrán escuchado estas frases entre otras muy parecidas.

Todo el tiempo nos venden una idea de bienestar automático por el simple hecho de ser jóvenes y aunque para muchos esa etapa realmente puede ser la mejor de su vida, para varios no lo es, pero independientemente de si lo es o no… nadie te habla de lo que hay después.

Con esto no quiero decir que he renunciado a mi juventud o algo por el estilo, sin embargo, hace algunos años dejé de ser una adolescente y nunca se me advirtió de lo que vendría después; no te darás cuenta de que no estás lista o preparada para ser un adulto hasta que tienes que serlo.

Verán, suelo ser ese tipo de persona al que le gusta planear hasta el aspecto más mínimo de su día y obviamente al iniciar el colegio ya había planeado (a grosso modo) lo que quería para mi futuro después de graduarme como bachiller; siempre pensé que sabía lo que quería para mi vida y quizás así era, al menos hasta que llegó la graduación.

Cuando terminé el colegio tenía apenas 17 años y sentía que sabía todo lo que quería e incluso cómo lograrlo. Durante años mi sueño (y el de mis padres) era estudiar medicina, por lo que ya se podrán imaginar mi emoción y la de mis padres cuando recibí el correo de confirmación de la universidad.

Sin embargo, no fue hasta que empecé mis clases que me di cuenta de algo, me tomó unas cuantas semanas entender y aceptar que en realidad ese no era mi sueño y peor aún, ni si quiera tenía idea de quién era o lo que quería de verdad para mi vida. La crisis existencial que me nació después de enfrentarme a esa realidad fue probablemente la peor de toda mi vida (hasta ahora).

Más allá de encontrarme estudiando algo que no me gustara, lo que más me aterraba era sentir que había perdido mi identidad y para recuperarla (o al menos intentar recuperarla) sabía que lo primer que tenía que hacer era buscar una carrera que de verdad me gustara, pero había un problema.

¿Recuerdan cuando les dije que ese también era el sueño de mis padres? Bueno, en realidad ese era únicamente su sueño, mientras crecía me fui apropiando de su deseo de verme como doctora hasta terminar convenciéndome de que eso era lo que quería para mi vida, no culpo a mis padres ni nada por el estilo, sé que solo querían lo que consideraban que era lo mejor para mí.

Aparte de tener que enfrentarme a mis padres y sus sueños, tenía que empezar a conocerme; si iba a dejar la carrera debía tener un plan, me encontraba en una especie de carrera contra el tiempo y opté por lo más rápido que se me ocurrió: hice una lista de todas las cosas que me gustaban hacer y luego subrayé las que me hacían sentir más segura y feliz.

Entonces lo supe, solo conocía una carrera en la que podría encontrar todas esas actividades juntas, Comunicación, el problema ahora era descubrir cómo decirles a mis padres que dejaría de un lado la Medicina para dedicarme a la carrera de Comunicación; como ya lo imaginarán, no fue nada fácil y hubo muchas lágrimas en el proceso, pero lo logré.

Pero esta entrada del blog no es solo sobre cómo o por qué me cambié de carrera, es sobre cómo el abandonar un sueño que no te pertenece puede abrirte el camino hacia una realidad que te llenará como persona y te ayudará a encontrar nuevos sueños.

Jamás había sido tan feliz en toda mi vida, como lo he sido dentro de Comunicación, me ha ayudado a autoconocerme de verdad y me he permitido encontrar nuevos sueños y plantarme metas distintas, aunque debo admitir que no todo ha sido felicidad.

Incluso dedicarnos a lo que nos hace felices puede amargarnos de vez en cuando, por ejemplo, aunque amo mi carrera hay ciertas áreas que no me gustan o me frustran, como esta sección de mi blog; cuando creé el blog quería que fuera algo más íntimo y artístico hasta cierto punto.

Al añadir esta sección sentí que se estaba convirtiendo en algo más impersonal y frío, pero la verdad es que desde el principio he buscado temas que puedan adaptarse bien al blog e incluso creo que ha servido para que nos conozcamos un poco más.

Con todo este texto solo les quiero decir que nunca deben traicionar su esencia, probablemente no será lo que otros esperan de ustedes, pero reflejará lo que son. No le teman a cambiar sus carreras, trabajos o incluso su estilo de vida si no los está haciendo felices; permítanse la oportunidad de un nuevo inicio para cambiar, crecer o mejorar.

No intenten huir del paso del tiempo, tiene ventaja y nos alcanzará a todos, pero que esa no sea una excusa para seguir postergando su felicidad o la realización de sus metas. No le teman al romper las reglas o a salirse del molde si tienen un buen propósito.

No le teman a abandonar sueños o planes que tuvieron y abrazaron por años, no tenemos un límite para soñar o para trazar objetivos, tomen la decisión que su corazón les indique e irán encontrando nuevos sueños en el camino.

Finalmente, no se escondan de las crisis, nos ayudan a deconstruirnos para crear nuevas y mejores versiones de nosotros mismos.



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