Amor en tiempos de bases de datos
- Doménica Cabrera

- 27 nov 2022
- 4 min de lectura
Nuestro planeta está lleno de cosas maravillosas, estamos completamente rodeados de seres complejos, abstractos y sensibles. En varias ocasiones he llegado a pensar que quizás no valoramos la compleja belleza que nos rodea debido al acelerado estilo de vida que tenemos. Hay días en los que me gusta detenerme a contemplar cómo pasa el tiempo y cómo se comportan los seres que me rodean.
En especial me gusta observar a las personas que tengo cerca, me encanta imaginar el tipo de vida que tienen y lo que hacen en sus tiempos libres, pero si hay algo que todas las personas que observo tienen en común son las historias de amor.

En el mundo existen cientos de historias de amor, algunas son tan efímeras como una estrella fugaz y otras duran casi tanto como la idea amenazante de la eternidad. No obstante, en ocasiones no importa cuánto amor puedes llegar a sentir por alguien, hay veces en las que es mejor dejar ir, ya sea por salud mental, emocional o simplemente porque resulta imposible que sigan avanzando juntos.
Quizás en este punto te estés preguntando por qué te estoy hablando de todo esto o probablemente te estés replanteando la idea de continuar leyéndome, pero juro que valdrá la pena cuando leas lo que tengo que contarte.
Hace un par de días mientras navegaba por internet descubrí que en Islandia el amor puede llegar a ser más complicado de lo que es en el resto del planeta y de que, en ocasiones, las razones que te pueden llevar a dejar ir a una persona pueden depender más de lo que crees de tu familia...
Para quienes no lo sepan, Islandia posee un aproximado de apenas 376 mil habitantes y si a esto le sumamos que es prácticamente una isla en medio del Océano Atlántico con temperaturas especialmente bajas (además de que no se puede apreciar luz solar durante la mitad del año), el índice de inmigración es muy bajo.
Todos estos factores han influido para que los islandeses, desde hace mucho tiempo atrás, hayan formado sus familias entre sí; lo que quiere decir que a día de hoy casi todos están emparentados entre sí, lo que claramente es un problema al momento de querer iniciar una relación amorosa con alguien, sobre todo porque nadie quiere cometer endogamia.
Endogamia: el diccionario la define como el matrimonio unión o reproducción entre individuos de ascendencia común, es decir, de una misma familia.
Más allá del evidente problema que presenta la isla al momento de conocer a una posible pareja potencial, debemos añadir un factor más. Este factor es la dificultad que existe para reconocer a posibles parientes, esto se debe a que en Islandia las personas no poseen un apellido familiar como tal, sino que adquieren el nombre de su padre y le añaden el sufijo “son”.
Ejemplo: Johnson que sería “hijo de John”.
Entonces, si consideramos todos estos factores, estadísticamente hablando es muy probable que en el momento que dos islandeses empiecen a cortejarse o pretenderse, estos estén emparentados.
Seguramente en este momento te estés preguntado cuál es el sentido del título de esta entrada, pero aquí viene el dato curioso que resolverá tus dudas.
Para evitar que los islandeses que residen en la isla cometan endogamia, se creó la aplicación: “ÍslendingaApp”. Esta aplicación recoge los datos genealógicos de islandeses (tanto vivos como muertos) para ayudar al usuario a comprobar que no está emparentado con la persona con la que ha empezado a salir.

La aplicación funciona básicamente como una base de datos enorme en la que se introducen datos básicos de tu cita (como su nombre o su número de identificación), el gestor de base de datos de la aplicación rastreará el código de esa persona y el resultado que arrojará será el nivel de parentesco que poseen, aunque dicho proceso puede ser más rápido si ambos tienen la aplicación descargada en sus celulares y simplemente los juntan.
Está claro que el problema prácticamente se solucionó gracias a los avances que ha tenido la tecnología, esto hace 50 años ni siquiera se nos hubiera ocurrido que podría ser posible, pero hoy lo es gracias a toda la evolución tecnológica y digital que hemos conseguido.
Hemos hecho de nuestros dispositivos tecnológicos y móviles prácticamente una extensión de nosotros mismos y nos hemos encargado de dotarlos de la inteligencia artificial necesaria para resolver gran parte de nuestros problemas y, como pudimos apreciar en este caso, hasta los hemos involucrado en nuestra vida social y sexoafectiva.
Otra evidencia de esto son las incontables aplicaciones de citas o diseñadas como redes sociales más clásicas, cada una es simplemente una base de datos gigante programadas con algoritmos que nos muestran únicamente los temas que son de nuestro interés.
Pero si existen aplicaciones o bases de datos que nos indican qué tan emparentados estamos con alguien, cuáles son los temas que nos interesan o a quién nos conviene amar, ¿entonces qué es lo que sigue? ¿Una base de datos que nos indique cómo deberíamos vestir, a dónde ir, qué y cuándo comer?




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