¿Nos espera algún futuro?
- Doménica Cabrera

- 20 oct 2021
- 3 min de lectura
Para buena o mala suerte de ambos nos encontramos nuevamente en esta sección que, aunque escapa del área que acostumbro abordar, creo que puede servir para conocernos más, para intentar entender cómo es que piensa el otro y conocer la visión que tiene del mundo que compartimos.
Se supone que en esta ocasión debo exponer las posibilidades que existen para que dentro de unos años los avances tecnológicos nos conviertan en “dioses, ciborgs, transhumanos o esclavos”.
He de suponer que después de leer el título de esta entrada ya has adivinado cuál es mi opinión sobre el tema, pero me permitiré esclarecer un par de términos o conceptos antes de presentar mi postura, solo para asegurarme de que nos estamos entendiendo.
Ciborgs
Para la bióloga, filósofa y zoóloga Donna Haraway, un ciborg es un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y de ficción a la vez; es decir, si manipulamos nuestra genética y reemplazamos partes de nuestra anatomía humana por dispositivos tecnológicos podemos obtener una especie híbrida a la que conocemos como “Ciborg”.
Transhumanos
El docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) Alejandro Gallino, habla sobre el “Transhumanismo” en la revista latinoamericana de Ciencias Sociales “Nueva Sociedad” (https://bit.ly/2XwLfwz) y lo define como “un movimiento intelectual que pretende superar los límites naturales de la humanidad a través del mejoramiento tecnológico y, eventualmente, la separación de la mente del cuerpo humano”.
Una vez aclarado este para de conceptos que, sin un estudio profundo pueden llegar a parecer un tanto irreales, fantasiosos o incluso utópicos para algunos, he de confesar que considero que existe una gran cantidad de posibilidades que podrían convertir dichas ideas en una realidad.
Sin embargo, el hecho de que el ser humano pueda llegar a alcanzar un estilo de vida más tecnológico y, que dicho estado llegue a separarlo de las limitaciones a las que está sujeto por su naturaleza humana, no quiere decir que lo convertirá en una especie de deidad.
Tras la lectura de la última entrada de mi blog, una amiga mencionó en una de nuestras conversaciones, que poseo una visión muy negativa del mundo que me rodea y, me temo que esta ocasión no es la excepción; no obstante, en mi defensa me veo en la necesidad de aclarar que no soy pesimista, simplemente soy una optimista bien informada.
Lo que se ve reflejado en estas corrientes de pensamiento no es nada más que las consecuencias de nuestras acciones desde que logramos pasar del Paleolítico al Neolítico y descubrimos que podíamos extender nuestra media de vida a costa de otras especies.
Nos hemos obsesionado tanto con la idea de prolongar nuestros períodos de vida que decidimos irnos en contra de nuestra propia naturaleza, lo que ha desencadenado en lo que me gusta denominar como “el declive de la especie humana”.
No cuestiono el deseo de poder sobrevivir o de mejorar el estilo de vida de nuestros antepasados, cuestiono nuestra poca capacidad para reconocer cuándo es momento de detenernos.
Reconozco que cada avance nos ha ayudado a crear sociedades más grandes y conectadas, además de que nos ha permitido disfrutar de una vida llena de comodidades y mejoras para nuestra salud, pero todos esos logros los hemos conseguido a costa de experimentación poco ética en otras especies e incluso, en ciertas ocasiones, en nuestra propia especie.
No dudo que la capacidad de nuestras mentes nos conducirá a la realización de un mundo más tecnológico y menos orgánico, no dudo que las máquinas y los dispositivos móviles se convertirán en extensiones completas de nuestros cuerpos.
Una prueba de ello es la cantidad de personas que utilizan prótesis como remplazos de sus extremidades, la cantidad de personas que utilizan marcapasos para que sus corazones consigan seguir latiendo, todos aquellos que necesitan de audífonos para poder conservar uno de sus sentidos o incluso cada uno de nosotros que hace uso diario de sus teléfonos celulares, computadoras e Internet para lograr realizar y terminar actividades sencillas y cotidianas.
Nos convertimos en seres tan dependientes de la tecnología que ni siquiera somos capaces de imaginar un mundo sin ella. Hace unos días cuando las principales redes sociales cayeron, muchos negocios sufrieron grandes pérdidas económicas por su dependencia a dichas plataformas y muchos de nosotros permanecimos parcialmente incomunicados.
Estamos construyendo un mundo tecnológico que, aunque nos facilita la vida, poco a poco nos está esclavizando e inutilizando. Sinceramente no creo que nos espere un futuro para anhelar.
Cada avance que logramos nos acerca a la idea de que somos omnipotentes, pero en realidad nos están acercando al fin de nuestra especie como la conocemos y el fin del mundo que nos rodea con la contaminación que generemos en nombre de dichos avances. Preferiría morir ahora que llegar a presenciar un futuro así.





Comentarios