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Ángeles que cruzaron el arcoíris

  • Foto del escritor: Doménica Cabrera
    Doménica Cabrera
  • 16 oct 2020
  • 1 min de lectura

Actualizado: 16 oct 2020

A veces, en la penumbra de la noche me despierto sin razón aparente, miro a mi alrededor y me doy cuenta de que no hay nada ni nadie; sé que no debería, pero entonces me siento muy sola, el pulso se me acelera al grado de sentir que el pecho me va a estallar y el corazón se me saldrá. La respiración empieza a fallar y el aire me hace falta, los ojos se me llenan de lágrimas que empiezan a desbordarse por mis mejillas y mojan mi almohada.

Intento convencerme a mí misma de que todo está bien y que seguirá estando bien, aunque en el fondo sé que no es así, que hay algo en mí que no logro descifrar y de cierta forma eso me molesta y me frustra; a veces no sé comprenderme bien y eso me hace sentir mal, me hace sentir que pierdo el control y por ende me siento vulnerable.

Mientras lloro en silencio empiezo a desesperarme, siento que ya no puedo más, y de pronto me invade una sensación cálida, es entonces que en medio del tumulto de mis emociones me doy cuenta de que el cielo les ha permitido bajar conmigo un momento. Siento todo su amor nuevamente y esa sensación me calma, mi pulso y respiración vuelven a su ritmo habitual, siento su presencia.


Un pequeño texto dedicado a todos esos ángeles de cuatro patas que ya han cruzado el arcoíris, pero que a veces bajan a calmar nuestra desesperación y a recordarnos que aunque físicamente ya no están, aún nos cuidan y aman.


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