El fantasma, la rata y el castillo - Parte 1
- Doménica Cabrera

- 7 nov 2021
- 6 min de lectura
Desolado camina o flota, en realidad no lo sé. Hace ya unos años que decidí mudarme a este castillo y fue ahí cuando lo conocí.
Dicen las otras ratas que su muerte fue trágica y humillante y que no le gusta hablar sobre sobre eso, no sé si somos amigos, pero me gusta pensar que sí.
En ocasiones lo veo muy pensativo y distante en el balcón principal del ala oeste, me acerco a hablarle o a hacerle compañía y no puedo evitar notar lo triste que está; me confiesa que después de todos los años que han pasado desde su muerte le cuesta trabajo recordar y que poco a poco ha ido olvidando su vida. Lo primero que dice haber olvidado fue su nombre, luego olvidó a su familia y a sus amigos, ahora dice que ha empezado a olvidar cómo era físicamente.
Estoy muy preocupado por él, sé que solo soy una rata, pero le tengo cariño; nos conocemos hace un par de años y siento como si fuera parte del clan, después de todo me ha protegido varias veces de los ataques de las hambrientas lechuzas que habitan por el sector, pero yo también cuido de él, en ocasiones voy a la ciudad y robo un poco de comida y objetos para jugar con él.
Él no necesita comer, pero le gusta cuando robo un poco de lo que los humanos llaman “Doritos”, dice que son sus favoritos porque al ensuciarse con ellos recuerda que un día tuvo un cuerpo real (y admito que también son mis favoritos, especialmente por su fuerte sabor a queso).
El último objeto que robé era una especie de adorno que una chica solía usar alrededor de su muñeca, tenía un cierre con unas letras, pero no sé leer, supongo que era el nombre de aquella chica. El adorno era muy bonito, mi espectral amigo dice que es “Pandora” (no sé qué es una Pandora, pero a él pareció gustarle mucho) y a veces lo coloca alrededor de mi cuello para verme caminar con él, dice que me luce.
Sin embargo, soy consciente de que incluso con nuestras horas de charlas y juegos no siempre es suficiente, me gustaría hacer algo por él, quizás si consigo otro humano podría lograr apagar un poco su tristeza.
Motivado por mi deseo de pagarle todo lo que ha hecho por mí, he decidido emplear un viaje en busca de otro humano para mi fantasmagórico amigo, sé que soy solo una rata y que a los humanos no les agrado, pero quiero pensar que lo lograré.
Han pasado siete días desde que tomé la decisión de emprender mi búsqueda de un humano y por fin ha llegado el día, hoy empezaré mi viaje para poder hacer más feliz a mi espectral amigo. Tengo mucho miedo, pero me odiaría a mí mismo por el resto de mis días si no lo intento.
No tengo corazón para despedirme, así que le he pedido al resto de ratas que habitan en el castillo que cuiden de él mientras yo esté fuera, le pedí además a los murciélagos que le mantengan distraído de mi ausencia y vuelen con él por las noches.
Espero volver triunfante de mi noble misión, como los caballeros que un día habitaron este castillo, soy plenamente consciente de los peligros a los que me expongo, pero mi cariño y deseo de vero bien son más grandes que mis miedos.
No muy lejos del castillo, cruzando el puente de piedra existe una pequeña ciudad, es ahí a donde suelo ir cuando planeo robar un poco de comida; sin embargo, las otras ratas me contaron una historia, se dice que, si te adentras por el bosque y permaneces ahí lo suficiente para ver al sol ocultarse por el oeste, su luz iluminará de forma especial a las hojas marchitas que descansan en el suelo y si las sigues te conducirán a la morada de una joven que deambula llena de tristeza por el bosque.
Quiero ayudar a mi fantasmagórico amigo y francamente no creo que una especie de chica mágica que vaga por el bosque llena de llanto y tristeza lo ayude a animarse, dudo siquiera que pueda ayudar en algo. Lo más sensato será que cruce el puente de piedra y dirigirme a la ciudad en busca de un humano normal.
Ahora que he empezado mi viaje debo pensar en cómo voy a atraer a un humano hasta el castillo, no tengo idea de las cosas que les interesa a las personas o qué se supone que debo hacer para que al menos uno me siga, quizás deba atraer a uno con Doritos, (después de todo, si a mi fantasma le gustan, seguramente a un humano vivo también) así tendría algo en común con mi amigo y sería más fácil que empiecen a hablarse y que se hagan amigos.
Supongo que si eso no funciona algo se me va a ocurrir cuando llegue y los observe por un tiempo o quizás una mejor idea aparecerá en lo que queda del camino, que, por cierto, después de seis horas caminando mis patitas me están matando, no recordaba que la ciudad estuviera tan lejos, soy el más rápido de las ratas y este viaje suele tomarme la mitad del tiempo de hoy, esto es un poco extraño.
Después de haber caminado durante seis horas y media por fin he llegado a la ciudad y para mi sorpresa todo está muy silencioso y quieto… supongo que es porque los humanos tienen otro estilo de vida y al ser apenas las cinco de la mañana aun no han salido de sus hogares.
Echaré un vistazo por a ciudad e intentaré entrar en alguna de las casas para poder robar un poco de comida, descansar un momento y secuestrar a un humano. He pensado que sería más fácil llevarme un humano pequeño, quizás un niño que todavía no haya aprendido a odiar a mi especie y que no le moleste seguirme hasta el castillo.
Recuerdo que por el centro de la ciudad hay una casa pequeña, seguramente ahí podré encontrar a un humano, pero primero haré una pequeña parada para servirme un buen desayuno, me lo merezco.
Han pasado dos horas desde que llegué al pueblo y estoy realmente asustado. La primera casa a la que entré estaba completamente vacía y lo primero que pensé fue que seguramente esos humanos sí acostumbraban levantarse y salir pronto de su casa, pero ya he revisado a profundidad treinta casas y todas están completamente vacías.
Por fin encontré la pequeña casa del centro y por desgracia mi nuevo temor se ha confirmado, también está vacía y lo que es peor, a pesar de su tamaño no tiene ningún rastro que indique que un niño viviese aquí. Lo mejor será que me detenga a comer aquí.
No sé qué les pasó a los humanos que vivían aquí, pero tenían muy buen gusto, este queso es increíble y ni hablar de las frutas del otro mesón, muy jugosas y dulces como me gustan. Me acomodaré en su sala y dormiré un momento, sé que no es muy prudente, pero han pasado varias horas y no rastro de ningún humano en toda la ciudad.
Los ladridos de un perro me despertaron de golpe, estuve a punto de empezar a correr por mi vida cuando me gritó nervioso “no me dejes tú también”, sorprendido y en contra de mis instintos de supervivencia decidí girarme y acercarme al perro.
“Tranquilo, no pienso hacerte daño, soy un galgo y por naturaleza tiendo a ser muy miedoso, no me gusta estar solo. Me llamo Tom”, me dijo mientras temblaba. Cuando le pregunté qué les había pasado a sus amos me dijo que el día anterior al anochecer una luz que salía del bosque se los llevó al igual que al resto de personas en la ciudad; ahí comprendí que el silencio y la quietud del lugar se debía a la ausencia de vida en la ciudad.
No creí que sus amos volverían a casa, así que le propuse regresar al castillo conmigo, después de todo así ya no estaría solo ni tendría miedo, y lo que es mejor, mi fantasma tendría un nuevo y veloz amigo. Afortunadamente accedió sin problema y emprendimos nuestro viaje de regreso.
Cuando mi espectral amigo nos vio llegar se alegró mucho e inmediatamente se hizo amigo de Tom, pero yo no puedo sacarme de la cabeza la rareza del suceso que se llevó a los humanos hacia el bosque, quizás la chica triste de la historia de las ratas tiene algo que ver, pero esa será una aventura para otro momento, por ahora solo me alegra estar por fin en mi hogar otra vez.





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